Lectio Divina
 
Por S.E.R. Monseñor Silvio Báez Ortega O.C.D.

Debarim
 

I. Definición

Es una forma de acercarse a la Escritura que intenta hacer de la lectura de la
Biblia la escucha de una "Palabra viva y eficaz" (Hb 4,12), la apertura a una
presencia y su acogida obediente. Es una forma privilegiada de acercarse a la
Escritura, una lectura orante de la Biblia, a la que todos estamos invitados
(cf. Aparecida, 249).

 
II. Fundamentos

1. Los principios de lectura bíblica del judaísmo y del cristianismo.
2. El carácter divino-humano de la Escritura, en su carácter de testimonio de la
    encarnación ya que ella misma, en cuanto graphé, en cuanto "escritura", es una
    forma de encarnación del Logos, análoga al cuerpo físico de Cristo.
3. La dimensión sapiencial de la Escritura, como lugar de una alianza y de un
    encuentro no relegados al pasado, sino que alcanzan el hoy y el aquí del creyente.
4. La dinámica antropológica exigida para el encuentro con el otro: éxodo de sí
    mismo, muerte al propio narcisismo, escucha del otro, atención a su rostro para
    captar su alma, respeto por su diferencia y alteridad, aceptación de sí mismo
    como relativo al otro, etc.).
 
III. Dinámica

1. "Con sus cuatro momentos (lectura, meditación, oración, contemplación), la
lectura orante favorece el encuentro personal con Jesucristo al modo de tantos
personajes del evangelio (...). Todos ellos, gracias a este encuentro, fueron iluminados
y recreados (...), en un proceso de discipulado, de comunión con los hermanos y de
compromiso con la sociedad" {Aparecida, 249).

2. Con la lectio, precedida por la invocación al Espíritu, se busca la comprensión del
texto lo más objetivamente posible. Se hace el esfuerzo por acceder a lo que "está
escrito", respetando la alteridad del texto y evitando caer en el subjetivismo. Es útil
la lectura lenta y repetida del texto, ver varias traducciones, usar las notas y los textos
paralelos, servirse de una concordancia y de buenos comentarios exegéticos y
espirituales, etc.

3. Con la meditación la Escritura se vuelve Palabra que me habla, revelación de un
evento que tiene que ver conmigo, revelación del amor de Cristo que "me amó y
se entregó por mí" (Gal 2,20). La meditación se vuelve el lugar en que leo y juzgo mi
vida personal y comunitaria delante de Dios y de su palabra, en que me pienso en
relación con las exigencias de la Palabra para llegar luego a actuar en obediencia
a la palabra de Dios en la vida cotidiana.

4. Con la oración se integra el pensar al orar (cf. Sal 5,1-3, en donde se presenta "el caso"
delante de Dios). Delante de la Escritura, de donde ha brotado una palabra dirigida
personalmente a mí, inicia el diálogo con el Señor, la entrada en la dinámica de
reciprocidad yo-tú al que conduce la misma Escritura. No es monólogo, ni introspección,
sino encuentro personal con el Señor.

5. La contemplación es la progresiva conformación de nuestra mirada con la de Dios.
La contemplación hace que el rostro de Cristo que ha sido revelado por las Escrituras,
se sepa luego discernir en el rostro del hermano, en la historia y en la creación. Es ver
el mundo con los ojos de Dios. Conduce al descubrimiento que el propio cuerpo, la
propia vida están llamados a convertirse en transparencia de Cristo a los hombres.
 
IV. Características

1. Exige un ambiente de silencio y de recogimiento exterior e interior, para buscar y
escuchar a Dios "que está en lo secreto" (Mt 6,6). Además es esencial que todo el
cuerpo participe, ya que no se trata de una actividad meramente intelectual, sino
de toda la persona: estar bien despiertos, tener la Biblia en la mano, inclinarse sobre
la Escritura, etc. Es útil establecer un tiempo fijo del día y realizar la lectura seguida
de un libro.

2. La lectio divina brota de la fe en la presencia de la Palabra de Dios en el texto
bíblico y es sostenida en todo momento por el Espíritu Santo, al que se invoca al inicio
y delante del cual se permanece en apertura humilde y disponibilidad total: la
comprensión del texto es un evento neumático, no operación intelectual.

3. Supone y exige interiorización, para que la semilla de la palabra eche raíces;
perseverancia, pues una escucha entusiasta pero incapaz de durar en el tiempo
queda estéril, y lucha espiritual, para conservar la palabra y no dejar que se ahogue
a causa de los deseos mundanos (cf. Me 4,13-20).

4. No es estudio exegético, aunque exige una lectura seria y respetuosa del texto;
tampoco es un simple compartir lo que un texto bíblico le dice a cada uno, aunque
en algunos casos de lectio divina comunitaria la meditación se puede alargar a un
poner en común lo escuchado personalmente en el texto.

5. Se pasa progresivamente de la página leída y escuchada a la presencia contemplada
(cf. Le 4,16-21: de la lectura del texto a la visión de la persona de Jesús). La lectio divina,
iniciada en oración, desemboca en la oración, que puede adquirir distintos matices
espirituales pero será siempre una oración inspirada por la palabra escuchada y
meditada. Se pasa también progresivamente de la lectura del texto a la lectura de
sí mismo. Con la lectura atenta del texto se quiere captar la Palabra, con la lectura
de sí mismo se quiere poner la propia vida delante de la Palabra.

6. Como fruto de la lectio divina se vive una fuerte experiencia de unificación: unificación
entre fe y vida, oración personal y liturgia, interioridad y apostolado; unificación de la
Escritura a la luz de Cristo muerto y resucitado, y según la relación dinámica entre
ambos testamentos (conservación-planificación-superación).

7. "Esta lectura orante, bien practicada, conduce al encuentro con Jesús-Maestro,
al conocimiento del misterio de Jesús-Mesías, a la comunión con Jesús-Hijo de Dios, y
al testimonio de Jesús-Señor del universo" (Aparecida, 249).
 
S.E.R. Monseñor Silvio Báez Ortega O.C.D.


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